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Con las elecciones en su recta final, Nicaragua el país centroamericano con algo más de cinco millones de habitantes, de los cuales unos cuatro millones viven en un grado de pobreza absoluta, se prepara para elegir un nuevo presidente este 5 de noviembre Daniel Ortega, unos de los hombres fuertes del Sandinismo que logró entrar victorioso a Managua en el año 1979, cuando los rebeldes derrocaron el poderoso y corrupto Anastasio Somoza, se perfila como el vencedor de la contienda electoral contra Eduardo Montealegre un representante de la derecha, corriente que ha gobernado el país centroamericano los últimos 16 años. Montealegre un banquero millonario tiene el respaldo absoluto de los Estados Unidos, aunque las encuestas lo muestran en segundo lugar con una desventaja de más de 15 puntos . Son dos rivales diametralmente opuestos en su ideario político, los que tienen el favor de los votantes como los más seguros finalistas. No se prevé que los otros candidatos tengan el suficiente caudal electoral para lograr ser elegidos. Una vez más, la joven democracia nicaragüense, deberá demostrar que los vientos lejanos que dejaron la dictadura del todopoderoso Anastasio Somoza y los once años de poderío Sandinista, no regresarán por la vía de la fuerza; solamente el poder del voto se manifestará como un derecho del pueblo nicaragüense. Daniel Ortega, de 61 años, no es hoy en día el rebelde que conocimos internacionalmente en la década de los 80. Después de tres intentos fallidos por lograr la presidencia, se ha convertido en un curtido político con un discurso conciliador, lejos del fogoso verbo anti-imperialista que lo catapultó a la popularidad cuando el Sandinismo hervía en cada calle del país. Recorre las calles de populosos barrios y caseríos en su cómodo Mercedes Benz, su discurso habla de amor, de paz, de negociación, de tolerancia y lo más sorprendente es que ofrece negociar con organismos tan odiados por la izquierda como el Fondo Monetario Internacional, mencionando además acerca de mantener una buena relación con Estados Unidos, algo impensable en otras épocas de la relación diplomática entre estas dos naciones. Por otro lado, Eduardo Montealegre el candidato por la Alianza Liberal Nicaragüense-Partido Conservador (ALN-PC) quien tomó la decisión de abandonar el Partido Liberal Constitucional (PLC), liderado por Arnoldo Alemán, porque no acepta que se discuta el liderazgo de su formación con la convocatoria de elecciones primarias, maneja un discurso político-económico basado en su experiencia como inversionista de un pequeño banco fundado en el año 1991 y que al cabo del tiempo se ha convertido en el segundo banco más poderoso de Nicaragua. Montealegre dice: “estamos trabajando porque yo lo que he querido ha sido recoger el sentir de la población y aquí el principal reto es el desarrollo económico, pero acompañado de desarrollo social; progreso económico acompañado de progreso social. Y lo que tenemos que hacer entonces es no solamente generar riqueza, sino distribuirla, y distribuirla mejor. Pero para eso primero tenemos que generar la riqueza y eso se consigue a través de la inversión, de la generación de nuevas fuentes de empleo, con el sector privado, con el gobierno apoyando y definitivamente impulsando a las pequeñas y ‘microempresas' a que se desarrollen con financiamiento y asistencia técnica. Y para que se dé todo eso necesitamos institucionalidad, respeto al Estado de derecho y a las instituciones del país". Una simple interpretación del discurso de Montealegre lo muestra como un convencido de la inversión privada y la equitativa distribución de la riqueza, una utopía en la situación actual de un país que se debate en un profundo grado de pobreza. Internacionalmente las elecciones en Nicaragua también son tema de preocupación de varios países, especialmente los que abiertamente se han identificado con cada uno de los candidatos en contienda. Por un lado Estados Unidos, quien apoya al candidato Montealegre, mira con recelo y preocupación la ventaja porcentual que mantiene Ortega a tan solo unos pocos días de la elección. No estaba en los cálculos de los especialistas del gobierno Bush el regreso de un hombre como Ortega quien en los años 80 jugó un papel fundamental en la controversial etapa que vivió Nicaragua con el gobierno de Ronald Reagan. Tener que lidiar nuevamente con este hombre será para Washington una gran "piedra en el zapato", si es que las encuestas aciertan y se erige como el nuevo presidente de Nicaragua este 5 de noviembre. Venezuela con su locuaz presidente Hugo Chavez es otro que no concilia el sueño a pocos días de las elecciones nicaragüenses. Para nadie es un secreto el interés de Chavez en consolidar su liderazgo en latinoamérica con aliados incondicionales como Cuba y Bolivia , países que reciben jugosas ayudas de la petrobilletera Venezolana, y que ofrece desembolsos también para Nicaragua. Chavez no ha ocultado su interés en una victoria de Ortega; tal parece que quiere poner un mojón más en su intento de consolidarse como el gran Mesías latinoamericano. Con una altísima temperatura dentro y fuera de la fronteras nicaragüenses, estas elecciones se han constituído en una pieza clave del ajedrez político internacional, donde los más fuertes apostadores no son solo los dos candidatos centroamericanos, también los intereses se ubican en Norteamérica y Suramérica. Los hermanos nicaragüense tienen en el voto el poder de elegir a uno u otro, tienen en sus manos el futuro económico y político de esta nación que pide a gritos soluciones de fondo al gravísimo problema de pobreza que lo ha puesto como el segundo país más pobre después de Haití, honor que nadie quiere compartir. Estaremos atentos a los acontecimientos que llevarán a uno de los candidatos a la presidencia nicaragüense este cinco de noviembre. Nuevas Raices mantendrá informados no solo a los hermanos Nicas, sino también a nuestra inmensa comunidad hispana de lectores que cada día crece y crece en el estado de Virginia. This article has been moved here
¿Hacia dónde gira Nicaragua?
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