El Doctor James Dobson, conocido consejero familiar cristiano de los EEUU, menciona en unos de sus libros, la necesidad de la disciplina en los hijos, porque si se corrige de la forma correcta, entonces ayudará a formar un carácter firme en el niño. Y pone el ejemplo de una persona que quiera pasar un puente sin pasamanos, diciendo que esa persona va caminando insegura, pero por muy angosto que sea el puente, si va tomado del pasamanos siente que camina seguro. Esta ilustración muestra lo que hace la disciplina en la vida de nuestros hijos; si no la tienen, irán por la vida inseguros, sin normas, sin límites, pero cuando hay disciplina con amor, irán creciendo con madurez, con seguridad.
Como parte del verdadero amor para nuestros hijos necesitamos la disciplina, que se está perdiendo en muchos hogares y parece que cada vez se desaparece más. Muchos de los padres a veces expresan la suerte de otros hogares que sus hijos se portan mejor, pero esto no depende de la suerte, sino de lo que sembramos y de qué manera lo hemos sembrado, pues la Biblia dice todo lo que el hombre siembra, eso cosechará.
Es necesario afirmar, que la disciplina puede ser mejor aceptada por nuestros hijos, cuando nosotros les brindamos un amor incondicional, que nuestros hijos se sientan verdaderamente amados, protegidos, que sepan que nosotros deseábamos que ellos nacieran, que les brindemos tiempo, que les expresemos palabras de amor, entonces aceptarán la disciplina como parte del amor que los padres les tenemos.
Pero si los hijos crecen en hogares que no se les brinda amor, que no se les dedica tiempo, que no se preocupan por ellos, entonces les costará recibir castigo y los volverá más bien rebeldes, porque tendrán dolor en el corazón.
Debemos entender que la formación de nuestros hijos es algo integral, ya que el amor sin disciplina, produce hijos consentidos y rebeldes. La disciplina sin amor, produce el desánimo y un espíritu quebrantado en los hijos. La enseñanza sin ejemplo, produce amargura y resentimiento. El ejemplo sin la enseñanza, produce hijos inestables, inseguros. Nosotros, como padres hemos tratado de balancear estos principios, que los hemos aprendido especialmente de la Palabra de Dios, La Biblia.
En Proverbios 22:6 Se confirma que necesitamos ser instructores de nuestros hijos, porque tendremos la seguridad que aunque lleguen a adultos, no se apartarán de lo que les hemos enseñado con palabras y hechos.
Las personas de éxito en esta vida, recibieron sus valores en el hogar, y no importa hasta donde llegue su éxito, siempre estarán seguros como personas.
Hoy en día vemos muchas escenas entre padres e hijos o abuelos y nietos, en cuanto a la falta de disciplina; muchos padres inclusive le tienen miedo a sus hijos.
Podemos ver escenas en tiendas o supermercados, donde un niño le pide a la madre que le compre un juguete y la madre le dice que no puede comprárselo, pero aquel niño cada vez insiste más, hasta el punto de gritarle o empezarle a dar pataletas por el suelo y la madre que no ha sabido disciplinar a su hijo, cae en la trampa y con vergüenza por la gente, accede a comprar lo que aquel niño caprichoso quiere. Es muy lamentable que este niño siga de esta manera, ya que cuando llegue a adolescente le puede llegar a pegar a su madre, sino le entrega lo que le pide y es aun más peligroso, si ha comenzado a drogarse.
Hace muchos años, leí la anécdota de un hombre que iba a recibir una inyección letal en los EEUU, porque era un asesino, pero antes de su muerte, su madre pidió que quería verle, que deseaba estar con él, antes de morir. Cuando el hijo vio, que su madre se acercaba, le gritó que se fuera, que ahora él entendía que ella no lo quería y le dijo: Es por ti que yo voy a morir hoy, pues cuando te insulté nunca me dijiste nada y cuando te pegaba, no me corregías y por no disciplinarme es que soy un asesino.
Es necesario que los padres tengamos un buen balance para saber amar y disciplinar a nuestros hijos, ya que los extremos en los dos casos siempre nos traerán problemas.
CONTINUARA........
Este artículo fue enviado por el Pastor Francisco J. Zúñiga M. tomado de su libro: De la Crisis a la Bendición
Editado: Imprenta Leo, ESPAÑA.
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